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Insight Crime
presenta un especial realizado por cuatro medios latinoamericanos sobre crimen organizado y derechos humanos. El primer especial es sobre desplazamiento forzado en Mxico, Colombia, Guatemala y El Salvador.

Animal Poltico
fue a los lugares con ms desplazamientos forzados en el pas: Sinaloa, Ciudad Jurez y Tijuana, para tomar testimonios de cmo el narco ha provocado que miles de familias abandonen el lugar donde vivieron por aos para irse a un lugar ms seguro.
Lee el primer reportaje completo:

La fuga del “Tringulo Dorado”

Dentro de una investigacin hecha por cuatro medios latinoamericanos, entre ellos Animal Poltico, de cmo el narco ha forzado al abandono de miles de hogares. De septiembre de 2011 a febrero de 2012, cientos de familias huyeron de la Sierra de Sinaloa luego que clulas del narco asesinaran a lugareos y quemaran casas. A casi un ao del xodo, los pueblos continan abandonados.
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Jorge tena las manos embarradas de masa cuando escuch los disparos que acabaron con la vida de su vecino Juan.

Estaba preparando las tortillas del desayuno cuando se percat de aquellos disparos y los gritos de amenaza.

Tena miedo pero se mantuvo sereno. As lo vieron aquel fin de semana de septiembre de 2011 los integrantes de su familia cuando les pidi que juntaran algunas pertenencias porque se marcharan de San Jos de los Hornos, pueblo localizado en el “Triangulo Dorado” de Mxico, como se le conoce a esa franja compuesta por las regiones de Sinaloa, Durango y Chihuahua, en las estribaciones de la Sierra Madre Occidental.


Jorge se detuvo un momento para pensar lo que deba hacer. Fue as que comenz a recolectar vveres, encendi el motor de la camioneta pick-up y llam por celular a sus amigos de Ocurague para advertirles que los pistoleros se dirigan hacia aquel pueblo.

—Son 30 y van armados. Mataron a Juan y van para all. Mejor vyanse —dijo.

En San Jos los Hornos hay cerca de 100 casas distribuidas en tres caminos agrestes. La tierra de los alrededores est rodeada de pinos y las colinas que la bordean resaltan la belleza natural del pueblo.
En el camino principal, de unos cinco metros de ancho, se encuentran asentadas las casas ms vistosas, como por ejemplo, una color amarillo con una pequea cpula en el techo, que hace 10 meses fue quemada por un grupo de pistoleros (“gavilleros” les llaman en Sinaloa).

Jorge y sus vecinos intuyeron que a diferencia de los homicidios ocurridos en los ltimos 4 aos, en esta ocasin la intencin era intimidar a todos, aunque no tuvieran injerencia en la siembra o transporte de drogas, rompiendo el “orden” que hasta ese momento se viva y que consista en respetar los rangos de las personas vinculadas con el negocio y las que no tenan ningn tipo de relacin con las actividades

Ese mismo da, Jorge, con su familia y 100 familias ms, abandonaron el pueblo. Para el gobierno mexicano el desplazamiento forzado por violencia parece no existir, a pesar que se trata de un fenmeno persistente. Cuando en el 2011 el Consejo Noruego para Refugiados, public un informe que estimaba que en los ltimos 10 aos Mxico haba registrado el desplazamiento de poco ms de 160 mil personas por diferentes motivos, entre ellos la violencia, el Secretario de Gobernacin, Alejandro Poir, minimiz la cifra argumentando que desconocan la metodologa del estudio. —

No se tienen suficientes datos ni se tiene realmente los elementos para poder determinar si realmente est sucediendo un fenmeno de esa naturaleza que formalmente tuviera que estar atendiendo el Estado Mexicano. Esa es la posicin del gobierno como tal — dijo Max Alberto Diener Sala, subsecretario de la Subdireccin de Asuntos Jurdicos y Derechos Humanos de la Secretara de Gobernacin, cuando se le pregunt sobre este problema.

Esa falta de reconocimiento oficial, ha impedido que organismos como la Agencia de la Organizacin de las Naciones Unidas para Refugiados (ACNUR), pueda tener una estrategia para enfrentar el fenmeno.—Es muy preocupante desde la perspectiva de las personas afectadas, pues en la prctica lo que significa es que estas vctimas no reciben atencin adecuada porque el Gobierno no los reconoce, y porque adems bloquea a que otros organismos, como el ACNUR, hagan un trabajo —dice Sebastin Albuja, representante del Observatorio del Desplazamiento Interno del Consejo Noruego para los Refugiados, quien comenta que las autoridades mexicanas estn obligadas a elaborar un estudio a nivel nacional que permita tener una idea exacta de la magnitud del desplazamiento forzado, como el que pretende impulsar la Comisin Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), que en palabras del Quinto Visitador, Fernando Batista, busca influir en la poltica pblica y en un reconocimiento oficial del problema.
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Jorge es un hombre de sonrisa alegre. Naci y creci en San Jos los Hornos. Al igual que sus padres, se ha dedicado a la siembra de maz y frijol, as como a la crianza de ganado.

Su identidad, como la de algunas personas que aparecen en la historia, se cambi a peticin de los entrevistados.

—Hasta hace 4 aos vivamos muy tranquilos, nadie nos molestaba. La gente que se dedicaba a la siembra de goma (amapola) y marihuana, la poda vender libremente. El Ejrcito vena regularmente, haca decomisos, pero se iba. A los que no nos dedicbamos a ese negocio no nos decan nada, nos dejaban tranquilos —dice Jorge sentado en la cocina de su nueva casa, mientras encima de la fogonera hierve una olla de frijoles que sern su desayuno.

El pueblo donde naci Jorge, forma parte de una red de 13 comunidades serranas en Sinaloa localizadas en el “Tringulo Dorado”, justo en los lmites de los municipios de Sinaloa de Leyva y Badiraguato. Hasta finales del siglo XIX los pobladores de esas comunidades se dedicaban exclusivamente al cultivo de maz, frijol, manzana, chabacano, higo y ctricos. Adems trabajaban en la minera. Fue hasta 1905, con el cierre de la casa de moneda en Culiacn y la crisis que se vivi por aquellos aos, lo que empuj a cientos de familias a cultivar amapola, planta que lleg a Sinaloa con la comunidad China asentada ah desde 1885. Fueron los chinos los que trajeron la semilla a Mxico para sembrarla y consumirla con fines recreativos. La crisis financiera local y la demanda que tena la planta (ya transformada en goma de opio y procesada en herona) en Estados Unidos, la convirtieron en menos de tres dcadas, en un negocio muy redituable donde las autoridades locales y federales se beneficiaban abiertamente con sus ganancias.—Lo hicieron para aliviar los dolores de los soldados que participaron en la Primera Guerra Mundial —dice Eleuterio Ros Espinoza, ex diputado de Badiraguato y dos veces Secretario de Gobierno en el Estado, uno de los sinaloenses que, a sus 76 aos de edad, conoce mejor que nadie la dinmica que se ha dado en esa regin serrana durante el ltimo siglo.

Autor del libro “Sinaloa, sociedad y violencia”, publicado en 1991, sostiene la hiptesis (no compartida por otros estudiosos del tema que le atribuyen este auge exclusivamente a los chinos), que el “boom” de la produccin de amapola y mariguana en Sinaloa se dio por la intervencin de Estados Unidos en la dcada de 1910. Lo que es un hecho es que en la actualidad, Estados Unidos tiene en Mxico a uno de sus principales proveedores de herona para uso recreativo.

Hace poco ms de un ao, la Organizacin de las Naciones Unidas (ONU) present un informe en el que mostr su preocupacin por el incremento de sembrados de amapola en Mxico y el crecimiento de consumidores de herona mexicana en Estados Unidos.

Hasta antes de 2008, es decir a un siglo del auge del cultivo de amapola en la Sierra de Sinaloa, eran comunidades donde se viva prsperamente. Casi todas las familias eran dueas de una camioneta o una cuatrimoto, que en el mercado se cotizan hasta en 4 mil dlares. Adems, la mayora de las viviendas contaban con televisin satelital. Eran comunidades que mantenan una tensa calma con los narcotraficantes dedicados a su negocio sin intervenir en la rutina diaria del pueblo.

La siembra de droga, le inyectaba recursos a la economa local generando una burbuja de bonanza donde todos se beneficiaban directamente o indirectamente. En el caso de los lugareos que no sembraban droga, no eran molestados por las personas que si lo hacan. Todos convivan en aparente paz y no haba conflictos importantes, aparte de los asesinatos aislados por ajuste de cuentas entre bandas y los decomisos espordicos del Ejrcito, que en los ltimos 10 aos haban convertido a este “tringulo” territorial en la regin con mayor nmero de plantos de marihuana destruidos en el pas.

La altura del terreno (mil 200 a 2 mil metros por encima del nivel del mar) favorece estos cultivos, tanto as que por cada cien hectreas encontradas por el Ejrcito, 60 provenan de los estados que conforman el “Tringulo”, que la convierten en una zona dependiente de esa actividad, donde no slo hay personas que la siembran, sino tambin quienes se encargan de cuidar los sembrados, recogerlos, transportarlos y venderlos a los crteles del narcotrfico.

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Aquel da en que Jorge decidi abandonar su finca, justo cuando conduca su camioneta, observ por el espejo retrovisor que otras familias del pueblo lo seguan. Como l, decidieron huir de San Jos los Hornos aquel sbado 24 de septiembre de 2011. Kilmetros ms adelante, cuando ya se encontraba fuera de la colina donde estn asentados los pueblos, observ que los pistoleros incendiaron varias casas en Ocurague.

Despus se enterara que se trataba del mismo grupo de sicarios que semanas atrs haba asesinado a Fabin, otro habitante de San Jos los Hornos. Luego de cometer el crimen de este hombre, los responsables incendiaron su casa, la de la cpula en el techo. Tambin quemaron la tienda de abarrotes y dos viviendas ms. Antes de marcharse, amenazaron a todos en la comunidad con asesinarlos en caso de resistirse a trabajar para ellos.

El asesinato de su vecino Juan, quien tena varios aos desligado del negocio, slo vino a confirmar las sospechas de que los pistoleros pretendan intimidarlos. Al escuchar los disparos dedujeron que su muerte fue una especie de ultimtum.

La necropsia practicada a Juan, arroj que su cuerpo presentaba huellas de tortura y 40 orificios de bala. Hay quienes sostienen que a Juan lo torturaron toda la noche. Por la maana, con una soga amarrada al cuello, lo arrastraron varios metros por un camino de terracera. Agonizante le descargaron las balas de sus rifles.



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—Son puros “plebes” (muchachos) de 15 a 20 aos. Los traen de Jurez y Navolato. Algunos trabajan para los Beltrn, otros para el Crtel de Jurez y los Zetas —platica Jorge despus de darle un sorbo a su taza de caf y recordar que a estos jvenes pistoleros los comenzaron a ver desde 2008.

Hasta antes del asesinato de Juan, a ese grupo le atribuan 11 asesinatos en la zona. El mvil casi en todos los casos: acabar con los operadores de Joaqun Guzmn Loera, “El Chapo”, quien adems de haber nacido en el pueblo de La Tuna, Badiraguato —500 metros cuesta abajo de San Jos los Hornos—, es el narcotraficante ms buscado de Mxico y el continente. Por informacin que lleve a su captura, Estados Unidos ofrece 7 millones de dlares.

Es de acuerdo con la lista de la revista estadounidense Forbes, uno de los hombres ms ricos del planeta con una fortuna calculada en ms de mil millones de dlares. En el plano criminal, es el narcotraficante mexicano con ms enemigo dentro del mundo de los crteles de la droga. Prueba de ello es la rivalidad que sostiene con la organizacin que fundaron los hermanos Beltrn Leyva, que hasta principios de 2008 trabajaban como una megaorganizacin de la droga.

Los jefes de estos grupos comenzaron sembrando marihuana y amapola de manera independiente al igual que muchos pobladores del “Tringulo”, pero la captura y el asesinato de los capos que controlaban el trafico y la distribucin de las drogas, aunado a sus ambiciones personales, los llevaron a convertirse en una especie de “Federacin del narcotrfico”, les llamaban las autoridades en Estados Unidos hasta donde han extendido el negocio.

Segn el Centro de Investigacin y Seguridad Nacional (CISEN) en Mxico, la rivalidad entre la organizacin de “El Chapo” y los “Betrn” surgi a principios de 2008 tras el encarcelamiento de Alfredo Beltrn Leyva. La captura del narcotraficante, “gener la prdida de confianza” entre ambos grupos, transformndose en “una espiral de violencia en Sinaloa, Nayarit, Sonora, Durango y partes de Jalisco y Guerrero”. En dos aos de rivalidad, se les atribuan el 26% de los homicidios ocurridos en el pas desde que el gobierno mexicano le declar la “guerra” al narco en diciembre de 2006.


Tras la ruptura de “El Chapo” con sus antiguos socios, los Beltrn se aliaron con los Zetas y con el Crtel de Jurez, con quienes conformaron grupos de sicarios para enfrentar a operadores de Guzmn en su territorio. Lo anterior gener que el “Chapo” aplicara el mismo mtodo en las comunidades controladas por sus enemigos. La violencia que vivi San Jos los Hornos, se ha repetido por espacios de tres aos en por los menos 60 pueblos del “Tringulo Dorado”, cuyos habitantes huyeron por la rivalidad existente entre los grupos criminales.

Tanto en pueblos serranos de Sinaloa, Durango y Chihuahua se han registrado asesinatos y desplazamientos de comunidades enteras por esas pugnas.

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Tuvieron que pasar ocho meses desde el desplazamiento de Jorge y su familia para que el gobernador sinaloense, Mario Lpez, reconociera pblicamente que en la zona serrana del Estado, existen comunidades abandonadas por la violencia. Lo hizo el 14 de mayo de 2012, cuando recorri en helicptero algunos pueblos abandonados y se reuni con familias de desplazados.

En la reunin, el gobernador escuch las historias de los desplazados. Ah los afectados expresaron sus razones para salirse de sus pueblos y le describieron el miedo que tenan de ser asesinados en caso de regresar. Tres personas que estuvieron en el encuentro, aseguran que en una parte de la pltica el gobernador los “rega”. Les reclam el silencio que haban guardo por aos al solapar la siembra de drogas, pero finalmente se comprometi a incrementar la vigilancia en la Sierra del Estado. —Lo haremos con el apoyo del Ejrcito y la Polica Estatal —dijo.

La Secretara de Desarrollo Social y Humano de Sinaloa difundi, una semana despus de la visita del gobernador, un padrn de comunidades “desplazadas” en la sierra. En el documento de dos cuartillas, reconocen el desplazamiento de mil 203 familias slo en Sinaloa. Se desplazaron “de sus lugares de origen por diversas causas, como la sequa, la bsqueda de alternativas de estudio para sus hijos, mejores opciones de ingreso, o a raz de la inseguridad”.


Estas familias habitaban 65 comunidades serranas pertenecientes a siete municipios sinaloenses. Se trata de un promedio de 5 mil personas desplazadas, si se toma en cuenta cada familia est compuesta por cuatro integrantes. —Que la autoridad minimice el tema de los desplazados por la violencia diciendo que son por sequa o que son menos, evidencia su falta de voluntad para implementar una poltica emergente que atienda el problema —asegura Leonel Aguirre, presidente de la Comisin de Defensa de Derechos Humanos en Sinaloa, una de las voces crticas sobre el desplazamiento forzado que se ha dado en la zona serrana del Estado.

Sentado frente al escritorio de su oficina, donde hay apilados documentos y oficios por firmar, Aguirre platica que de acuerdo con sus propias estimaciones pudieran existir entre 25 mil y 30 mil desplazados en el Estado, sin contar los de Chihuahua y Durango. —Es un clculo, porque en estos momentos ningn organismo o dependencia cuenta con algn estudio certero o fundamentado que nos permita saber qu est ocurriendo en Sinaloa. Lo que s sabemos, es que el gobierno acta errneamente al prometer la presencia del Ejrcito, porque no es con soldados como vas a generar, a mediano y corto plazo, paz y tranquilidad en las zonas afectadas.
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—Quisiera volver con mi familia pero tengo miedo de que los plebes regresen y nos asesinen —comenta Jorge, quien tras su desayuno se alista, junto a otros hombres desplazados, para regresar a San Jos los Hornos y otros pueblos abandonados del “Tringulo Dorado”, para constatar en qu condiciones se encuentran sus tierras de siembra.

Para llegar a San Jos y los pueblos que lo rodean, una ruta es salir de Surutato. Se trata de un pueblo situado a mil 460 metros de altitud, fundado en los primeros aos de 1800, casi a la par de la Independencia mexicana. A decir de autoridades locales, es en la actualidad una de las comunidades que ha logrado mantenerse al margen del negocio de las drogas por la puesta en marcha de proyectos exitosos de cultivo, como son la siembra de chiles y tomates de granja.

Es justo ah, donde poco ms de 400 personas de comunidades que conforman el “Tringulo Dorado”, bajaron para refugiarse por la violencia registrada en la ltima semana de septiembre de 2011. Jorge y compaa siguen la ruta de Surutato para llegar a sus pueblos. Durante el trayecto, que se prolonga por ms de una hora, se dan cuenta que el paraje se encuentra despejado de sicarios.

Por precaucin conducen a menos de 20 kilmetros por hora, pues cualquier derrape puede sacarlos de la vereda y llevarlos hasta el fondo de alguna barranca, que en ese lugar abundan. El trayecto est bordeado de pinos y el aire que se respira es limpio. En algunas curvas, se pueden apreciar los riscos de las montaas que bordean la Sierra Madre Occidental. Todo el trayecto es verde y mientras ms se avanza, el fro provoca ganas de abrigarse .

En ningn momento se observa presencia terrestre de policas o militares. En el cielo, dos helicpteros del Ejrcito sobrevuelan el lugar. —Son los que fumigan los sembrados de marihuana —comenta uno de los visitantes, justo en el momento en que Jorge detiene la pick-up frente a la casa que era de Fabin, otro vecino asesinado.

La vivienda se encuentra resumida a muebles y paredes quemadas. En la que era la sala, hay fotografas familiares regadas por todo el piso. En la cochera, una camioneta calcinada se encuentra estacionada en uno de los cajones. En la casa contigua, balearon la fachada. Si no fuera por un grupo de vacas y mulas que caminan sin rumbo fijo, se podra decir que San Jos los Hornos es un pueblo fantasma.

Ocasionalmente las bestias resoplan ante la presencia de quienes solan ser sus amos. Nada queda del resplandor de aquel pueblo que los fines de semana sola ser muy bullicioso. Con nios jugando en los patios y motos circulando regularmente por la calle principal.

En Ocurague, pueblo situado a 10 minutos de San Jos los Hornos, la postal es similar. La diferencia es que ah s quedan algunas personas. Cuando Jorge y comitiva llegaron, dos hombres jvenes a bordo de una camioneta, los recibieron con familiaridad. Se trata de dos jefes de familia que decidieron quedarse a proteger sus pertenencias.

Estos dos hombres, a su vez, forman parte de un grupo ms numeroso de personas que cuida de otras comunidades abandonadas. Gracias a esa vigilancia, han evitado nuevas incursiones violentas. Por cuestiones de seguridad, los vigilantes no revelan los nombres de los pueblos bajo su resguardo, pero aseguran que son la mitad de ellos.

Luego de saludarse e intercambiar comentarios sobre la situacin de sus familias, los recin llegados bajan de la camioneta una hielera cargada de cervezas. Mientras destapan la primera ronda, uno de los vigilantes les pide que regresen a cuidar los pueblos.

—Es necesario que regresen. Ahora es cuando debemos demostrar que estamos bien puestos. Que no vamos a dejar que se queden con las tierras —dice mientras los integrantes del grupo le dan un trago a sus respectivas cervezas.

—La gente tiene miedo, creen que todava no es momento —responde uno de los visitantes.

—Esa es la nica manera para proteger los pueblos y demostrar que no nos vamos a dejar —insiste el vigilante, mientras Jorge escuchaba atento la conversacin.
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Dos meses despus de la visita a San Jos y Ocurague, la mayora de los pueblos seguan abandonados. Ni policas, ni militares, patrullaban la zona por tierra.

—Nosotros no tenemos informacin de pueblos abandonados —respondi un alto mando de la Secretara de la Defensa Nacional (Sedena), cuando Animal Poltico solicit una entrevista para hablar del desplazamiento forzado que se est dando en la sierra de Sinaloa y otros estados productores de droga en el pas como Michoacn, donde tambin se han reportado desplazamientos en comunidades donde se siembra amapola y marihuana.

Si bien el Ejrcito dice no tener informacin de ese fenmeno, lo cierto es que desde hace ms de 3 dcadas han implementado operativos para la erradicacin de drogas, consistente en sobrevuelos y destruccin de sembrados.

—Es un conflicto tiene que ver con el vaco de poder que se vive en la zona serrana del estado —dice Marco Santos, Jefe de Informacin del Peridico Noroeste en Sinaloa, quien comenta que los lugareos de la sierra de Sinaloa, Durango y Chihuahua no son los nicos que han tenido que huir de sus comunidades por la violencia. Hay casos de familias de empresarios y polticos que ante los secuestros, extorsiones, balaceras y asesinatos ocurridos en las principales ciudades de Sinaloa, se han tenido que ir al extranjero o a otros estados. —Se trata del Jet Set de la poltica —agrega Santos.

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Jorge regresa a su casa al atardecer. Antes de salir de Ocurague, uno de los vecinos le pidi ayuda para sacar algunas pertenencias, as que no tuvo ms remedio que cargar muebles, trastes, lminas y cajas. Aun as, dice no sentirse agotado. —Cansancio el que sientes cuando tienes que remover la tierra para abrir surcos —comenta sin perder esa alegra que suele caracterizar a la gente en la Sierra de Sinaloa.

Antes de llegar a su nueva casa, compartida con otras familias desplazadas, un perro sale al paso de Jorge para recibirlo. El animal desconfa por la apariencia de su amo, quien de pies a cabeza se encuentra cubierto por una gruesa capa de tierra. Dentro de la vivienda, las familias esperan a Jorge.
Adultos y nios quieren escuchar las noticias sobre la situacin de sus pueblos. Cuando lo ven cruzar por la puerta de la cocina, comienzan a bombardearlo con preguntas relacionadas con sus bienes. Jorge les explica que no se han presentado nuevas incursiones y que sus bienes se encuentran a salvo “por el momento”. Despus, entre los adultos, comienza una pltica que se centra en tres puntos.

La temporada de lluvia que est por venir, el estado en que se encuentran sus tierras y la escasez de vveres. Sobre el primer tema, acuerdan tomar una decisin, lo antes posible, sobre si deben o no regresar a sus pueblos para sembrar ante la llegada de la nueva temporada de lluvia. Luego coinciden sobre el buen estado en que se deben encontrar sus tierras. Finalmente, hablan de la necesidad de conseguir ms alimentos, pues las despensas que autoridades municipales y el prroco de la iglesia les entregaron, estn por terminarse.

Jorge toma una ducha. Su semblante parece ms relajado tras el viaje. Es ms, luce contento y sonre. Juega un rato con su perro y con los bulliciosos chiquillos que se encuentran corriendo por el patio de la casa. Por un momento le pasa por la cabeza regresar al pueblo, pero cae en cuenta que es imposible. Sabe mejor que nadie que no hay condiciones de retornar en paz, que la autoridad no ha cumplido con su palabra de vigilar y que los “gavilleros” siguen incursionando regularmente a la zona. —Regresar ah sera un suicidio —dice Jorge casi en murmuro, mientras los nios corren detrs de una vieja pelota de trapo y los adultos discuten si es conveniente el regreso a San Jos los Hornos.

En junio de 2012, dos semanas despus de la visita que hiciera Jorge y otros miembros de la comunidad a San Jos los Hornos, cinco integrantes de una familia fueron asesinados en ese pueblo. A tres de ellos, padre, madre e hijo de 17 aos, les dispararon el sbado 16 de junio cuando regresaron para ver en qu condiciones se encontraban sus bienes. Las otras dos vctimas, eran sobrinos de los primeros, quienes tres das despus de los homicidios volvieron por venganza. En ambos casos, la autoridad estatal -que en palabras del gobernador sinaloense reforzara la vigilancia con policas y militares- se enter de los crmenes 4 das despus cuando ya se estaban velando los cuerpos.

Por Guatemala, participa Plaza Pblica con el especial “Desplazar para no ser desplazado”.


Por El Salvador, El Faro participa con “La legin de los desplazados”.


Por Colombia, participa La Verdad Abierta con “La Estampida del Miedo en la Frontera“.


*Nota publicada originalmente el 1 de octubre de 2012.




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