Levantones, asesinatos y tiroteos siembran de nuevo la zozobra en Los Mochis



Los grupos criminales, por un lado, y los comandos policiales, por el otro, abofetearon, con toda la saña de que son capaces, a la población civil que intranquila observó, escuchó y sintió cómo la impunidad campea, ante autoridades sordas, mudas y ciegas.


La Semana Santa tuvo aquí un arranque trágico, pues antes de que los cristianos comenzaran los festejos de fe por el Domingo de Ramos, las células al servicio de los Los Mazatlecos, grupo doméstico que opera en favor del nuevo cártel de Guasave comandado por Fausto Isidro Meza Flores, el Chapo Isidro, tomó el control de las calles bajo el amparo de la oscuridad.


La cadena de sangre y fuego comenzó a las 02:15 horas del Domingo de Ramos. Luis Arnulfo Cota Beltrán, alias el Fito, de 35 años de edad, dormía acompañado de su esposa en su casa de la calle ejido Felipe Ángeles número 726, en la colonia Heriberto Valdez Romero (Tabachines 2), cuando ocho desconocidos empecherados, encapuchados, vistiendo ropas tipo militar, derribaron la puerta y se lo llevaron. Los testigos vieron dos camionetas de color blanco y una de rojo. Del Fito nada se ha sabido desde entonces.


Unas 20 horas después y antes de que concluyera el Domingo de Ramos, el mismo comando atacó por segunda ocasión en el mismo sector. Su objetivo era Jesús Manuel Bojórquez Arellano, de 19 años de edad, residente de la calle Flor Azul, vecino y amigo del Fito, pero este alcanzó a descubrirlos e intentó huir. No lo consiguió, porque una ráfaga de balas le perforó el cuerpo. Los agresores se retiraron, mientras amigos y familiares del muchacho llamaron a la Cruz Roja. Los socorristas nunca llegaron y Jesús Manuel fue llevado de urgencia a la clínica 49. Ya había muerto cuando ingresó a la sala de emergencias.


En retirada, y diez minutos después del reporte del tiroteo, el comando se topó con policías preventivos en el bulevar Rosendo G. Castro y canal Jahuara, iniciándose un segundo tiroteo en las inmediaciones de la colonia Rosendo G. Castro.


En este, dos policías resultaron lesionados por esquirlas de una granada. Por las heridas infringidas, el policía Juan Pablo Gaxiola Bejarano moría en una clínica particular.


Tres ocupantes de la camioneta se batieron en retirada, pero los agentes los coparon. Se refugiaron en una casa y en el estacionamiento del salón de fiestas La Hacienda de Los Ávila, en donde esa tarde un grupo de policías ministeriales había tenido una fiesta, recuerdan vecinos del lugar.


Pertrechados, los sujetos aguantaron algunos minutos.


Pasada la media noche, arribó al lugar una camioneta doble rodado, de color tinto, y blindada. También un vehículo táctico Tiger. Los de la camioneta tinto allanaron la casa de Norma Alicia Mendívil, que esa noche salvó su vida o al menos la detención y posterior interrogatorio porque acompañada de su hija había salido a visitar a una vecina enferma y a cenar un hot-dog, dejando al Manchas, un perro corriente, como policía incorruptible. Los ocupantes de la camioneta civil penetraron a la vivienda destrozando puertas y chapas, llegaron hasta al patio y tras unos disparos murió el primer sujeto. El Manchas fue herido también.


Los ocupantes del Tiger se apostaron frente al estacionamiento y tras disparar dos ráfagas tranquilizaron la situación. Los tres gatilleros habían muerto. Cuando se comprobó el deceso, los ocupantes de la camioneta doble rodado y de color tinto se retiraron custodiados por dos patrullas.


Horas después, en el lugar se levantaron tres rifles AK-47 y una vagoneta GMC, línea Escalade Cadillac color blanco perla, modelo 2007, cuatro puertas, que portaba placas VMD 3922 del estado de Sinaloa. Las láminas corresponden a una vagoneta color blanco, Nissan, línea Rogue, modelo 2006, despojada en Culiacán.


De acuerdo con identificaciones encontradas en los bolsillos de dos de los fallecidos, estos respondían por Óscar Fabián Pérez Velázquez y Cosme Damián Pérez Sandoval, el Carola, residentes de El Caimancito, Navolato. El tercer sujeto no fue identificado. Sin embargo, hasta ahora ningún cuerpo ha sido reclamado por los deudos, oficialmente.


Informes de inteligencia policial establecen que los tres fallecidos eran parte de una célula de Los Mazatlecos.


Jornada de miedo


La ola de sangre no terminó ahí, pues apenas despertaba la población a una sorpresa, ya tenía otra encima: en El Carrizo, un camionero desaparecía a manos de gente armada. Horas después, en Los Musos, un ejido precarista de El Fuerte. Se trataba de Gabriel Navarro Cisneros, de 38 años.


Pero no era todo lo que el día deparaba, pues por la tarde los agentes antisecuestros asesinaban a dos plagiarios en operación de rescate de un empresario local o de un funcionario federal en el fraccionamiento Las Huertas 2. Hasta ahora los pormenores de la operación se han mantenido en reserva por la Subprocuraduría Regional de Justicia, cuyos funcionarios alegan ignorancia de los casos. Francisco López Leal, subprocurador, ausente siempre, y su segundo, Arturo Arellano Bojórquez, inepto para proporcionar información.


En la tarde noche de ese mismo lunes, el cuerpo de un supuesto dentista, quien desde hacía una semana había sido privado de la libertad por un grupo armado, aparecía en una siembra de maíz.


Rafael Cipriano Gil López de 43 años, quien tenía su domicilio en la calle Corerepe en el Residencial del Valle, estaba irreconocible, pero a un costado del cadáver dejaron sus credenciales. Había sido inmovilizado desde la cabeza hasta las piernas.


Por la noche, en el campo Esperanza, en El Fuerte, un grupo armado asesinaba a quemarropa a Rosario Beltrán Beltrán.


El terror no paró ahí, pues en el ejido 9 de Diciembre, el martes comenzó con nueva intranquilidad. Varios grupos de supuestos agentes de la Policía Ministerial del Estado se llevaron al menos cinco hombres, algunos de ellos trabajadores del Ayuntamiento de Ahome y otros sobrinos de la ex comisariada ejidal.


Hasta ahora ninguna corporación ha aceptado tenerlos en sus celdas o en su poder, por lo que las familias se encuentran intranquilas. Todos ellos temen por su vida, pues cuando desaparecen personas a manos de la supuesta autoridad, aparecen muertos o terminan desaparecidos.


Zenón Padilla, secretario de la Comuna, reconoció que la zozobra existe en la comunidad por la operación de grupos armados, pero negó que estos se encuentren por encima de la autoridad. “No, les estamos haciendo frente. Los costos de la tranquilidad los estamos asumiendo”, aceptó.


Sin embargo, insistió que las personas violentas se producen en los hogares de Ahome y no en todo el municipio.


Nuestras calles no están intranquilas, sino en paz, afirmó.

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